viernes, 7 de septiembre de 2007

Sólo por hoy agradezco, que nada me falte

Cuenta la leyenda, que un rey acostumbraba a recorrer su comarca siempre por distintos caminos para observar (detrás de las cortinas de su carruaje) las costumbres de su pueblo.
Un día, a su paso, escuchó una voz que decía: “aquel a quien el rey da, se hace rico”. Era un mendigo ciego, y al rey lo conmovieron mucho aquellas palabras, sin embargo, siguió su camino.
Más adelante, otro mendigo, también ciego decía: “aquel a quien Dios da, se hace rico”. Más conmovido aun, el rey cuando llegó al palacio le ordenó al cocinero que horneara un gran pan y que le pusiera dentro un lingote de oro.
¿Mas, a quien dárselo?, se preguntaba. Si bien era generoso, su cuota de vanidad hizo enviar el pan con corazón de oro a aquel que era leal con la corona; o sea, al primer mendigo.
Pasado un tiempo, recorriendo los mismos caminos volvió a escuchar: “aquel a quien el rey da, se hace rico”. Hizo parar el carruaje y para su sorpresa, vio que era el mismo mendigo a quien él, le había enviado el pan.
Dime buen hombre – dijo el rey – no recibiste un pan que te hice enviar con uno de mis súbditos? ¡Oh! si majestad – dijo el ciego – le estoy muy agradecido, fui muy afortunado con ese pan. Si su majestad me lo permite, debo decirle que el cocinero no lo cocinó bien, porque pesaba mucho, entonces se lo vendí al ciego que estaba camino arriba. Dicen que él y su familia se fueron de la comarca.-


¡Dar y recibir! That’s its the question. ¿Cuantas veces dirigimos lo que damos, y cuantas veces sabemos recibir lo que nos dan?
Sin embargo, el universo acomoda las piezas y a cada uno le toca la que le tiene que tocar. A veces la vida nos hace un regalo extra, un tesoro escondido en el pan nuestro de cada día; mas, si no estamos atentos, sólo podremos ver la corteza de las cosas, y ser como el rey o el primer ciego: Magnánimos y mendigos de nuestras propias miserias.


Estar listo para la abundancia no es tarea fácil. Pedimos, pedimos, y a veces en ese afán de pedir ni siquiera nos damos cuenta que ya el pedido fue concedido.
El tren del milagro pasa todos los días, pero si no tenemos el boleto de la atención y la gratitud, será como un rápido que ni siquiera vemos pasar.
¿Mas, como voy a agradecer el milagro cotidiano si es algo en lo que ni siquiera creo?
Milagros eran los de antes, los del evangelio, donde los ciegos veían; los paralíticos caminaban; una adúltera era perdonada y un asesino salvado.
Esos sí que eran verdaderos milagros, dignos de agradecer. ¿Los otros los chiquitos que van a ser milagros?
¿Normi, el cotidiano no será un invento tuyo?. Porque el otro, el grande, vaya uno a saber si algún día te toca.
Todos los días agradezco el milagro de tener y que no me falte nada de lo que tengo.
Alguien dirá: ¿si ya lo tenés, para que agradecerlo?. Justamente, sino agradezco lo que tengo, que nada me falte de lo esencial en el aquí y ahora, lo pierdo por no valorarlo.
Creo que el verdadero sentido del conectarse con el nada me faltará, es agradecer que nada nos falta. No se puede apostar a futuro lo que no se tiene en el presente. Por eso, no es poco agradecer el milagro cotidiano de vivir y poder contarlo.
Estaba pensando que todos tenemos a nuestra disposición los maravillosos elementos (agua-tierra-fuego y aire), que nos permiten desarrollar cualidades diferentes ante el mismo paisaje.
El ciego disfrutará del sol; del aroma de las flores; el canto de los pájaros; la brisa del viento; la frescura del césped.
El sordo del calor del sol; los colores de la naturaleza; la brisa; el aroma; la frescura.
El inválido del calor del sol; recorrerá la naturaleza con todos sus sentidos.
Y cada uno podrá, con lo que tiene, con lo que no le falta: inteligencia; sensibilidad; creatividad; intuición; crecer y desarrollarse, y además complementarse. Como decía Cristo: “No puse todos los dones materiales y espirituales en una sola persona, para que pudieran auxiliarse”.
La gratitud y la abundancia también son dones que están en la casa del espíritu. Estos dones no son privilegio de algunos pocos; todos pueden acceder a esa casa de luz y gozar de esos y otros tantos beneficios.
Mas, quien se sienta en desgracia, esto es separado de la gracia, como puede sentirse agradecido o abundante, si está afuera.


El primer paso es “querer” entrar en la casa de la gracia. Lo demás vendrá por añadidura.
Muchos preguntan ¿pero, como se hace? Creo que esas personas ni siquiera tomaron aun la decisión de golpear la puerta.
Después de tomar esa decisión, muchos son los caminos que conducen a la casa interior; uno de ellos puede ser Reiki, que es el puente de unión entre el cielo y la tierra.
Sólo por hoy agradezco que nada me falta. Hasta estás vos leyendo, escuchando o sintiendo esta nota.
Como decía Santa Teresa: “Quien a Dios tiene, nada le falta. Sólo Dios basta”



Norma Bernués
Maestra Tradicional de Reiki

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