lunes, 18 de febrero de 2013

Astrología - Mirada antropológica




                                      Astrología - Mirada antropológica




                     Leandro Ibañez - Astrólogo del CENTRO S.U.R.:   ibanezleandro@hotmail.com


En el inicio de los tiempos, hombres y mujeres vivían en forma instintiva, respondiendo a pulsos básicos y necesidades urgentes.
Al igual que los animales, la supervivencia era prioridad, y las actividades diarias giraban alrededor de la búsqueda de alimento, y la sexualidad.
En ese estado de presente eterno, de instante, no había “yo”, sensación de identidad, como tampoco planes, proyectos ni intereses que fueran mas allá de la satisfacción inmediata de esos pulsos básicos, y de defenderse de los peligros del mundo.
Este humano profundamente vital e instintivo, fue desarrollándose y con el tiempo, nace un principio de razón, sensación de diferencia y junto a ello rudimentarias ideas de grupo, de familia, de tribu. Ante el aun incipiente desarrollo psíquico fue necesario frenar la fuerza física del hombre y la vitalidad sexual de la mujer, para habilitar un mínimo orden social
Se desarrollaron conductas que regulaban y ponían marco al vínculo entre los humanos, sobre todo en relación a la autoridad del momento, respondiendo a los individuos más poderosos. Mecanismos de respuesta, automáticas e inconscientes comenzaron a aflorar. La espontaneidad inicial trastocó en adaptación.
Una vez establecida cierta seguridad, y desarrollado conciencia de sí mismo y de un “otro”, había espacio para la aparición de cierta sensibilidad, algo imposible anteriormente, cuando lo principal era defenderse de los predadores y saciar el hambre y el impulso sexual. En este nuevo escenario, la humanidad empieza a hacerse preguntas trascendentes.
Según lo expuesto, fue necesario entonces, separarse de lo natural e instintivo, diferenciarse, sobreadaptarse , para poder desarrollar otros aspectos humanos y esta nueva sensibilidad que busca sentido y reconexión, abre la puerta, en tiempos remotos, a la aparición de la astrología.
Es en ese entonces en que algunos hombres advierten la concordancia entre lo que sucede en el cielo y lo que sucede en la tierra.

Como es arriba es abajo.
Como es adentro es afuera.
Esos primeros investigadores entienden que cierta posición de los planetas en el cielo se corresponde con ciertas características en la tierra, y con el tiempo, el estudio y la comprensión del fenómeno en mayor nivel de detalle, se descubre que concuerdan posiciones de los planetas con cualidades energéticas y la persona que nace con tal planeta en tal sitio del cielo (visto desde la tierra) va a tener ciertas emociones, cierta psicología y va vivir ciertas situaciones, en un rango amplio, pero muy específico.
A la vez, el movimiento cíclico de ese planeta va a marcar el particular desarrollo de esa energía en este ser. Todavía en esa época se le atribuían a los planetas influencia favorable o desfavorable, poniendo en un objeto la capacidad de provocar algún movimiento en el humano. Con la llegada de la psicología, y la aparición del inconsciente, lo atribuido al exterior, empezó a develarse como propio y el movimiento del planeta, que representa cierta energía, nos permitió ver el camino de la misma en nuestro interior. Que no actúa en todos igual, la diferencia de rango la marca la posición de la conciencia, si acompaña el proceso la persona actúa la energía, si se resiste, la padece.
Entonces, esta humanidad que se separa de los ciclos naturales, que se diferencia y que tuvo que frenar pulsos básicos para desarrollar sensibilidad y formar la sociedad en que hoy vivimos, se encuentra en un momento clave del devenir de la humanidad.
Estamos en el tiempo en que es lícito preguntarse si aun es necesario frenar y contener pulsos naturales y si podemos reparar en algunos de los condicionamientos inconscientes, para volver a la unión con la naturaleza, acompañando los ciclos, en un eterno presente, en un estado creativo y renovador.
Cuanto menos contenido estè el cuerpo, cuanto más vital, cuanta menos proyección tenga la mente, cuanto mas libre sea, más posibilidades tenemos de irradiar un amor puro, fresco, virginal.